Navidad y Año Nuevo. Momentos ideales para iniciar tradiciones…

Me imagino que al igual que yo, a muchos de ustedes les encanta la Navidad. Es una época que me remonta a mi niñez, me ayuda a recordar lo mágico que era creer en Santa Claus. Nunca olvidaré un mañana de diciembre que mi papá pretendía hablar con Santa por teléfono para explicarnos que la casa de Barbie que queríamos mi hermana y yo se había terminado en el taller y que sólo quedaban apartamentos. Momentos de la niñez que a pesar del paso de los años no se olvidan…

Todos las mañanas del 25 de diciembre íbamos a casa de Mamanita a celebrar la Navidad y el cumple de Tia Magda. Transcurría el día en un desfile de visitas a Tía y los niños disfrutando los juguetes nuevos, todo acompañado del famoso cocido de Marina, para entonar el estómago después de tanto comer en Nochebuena. Al crecer ya sabíamos la verdad sobre Santa y fue muy decepcionante, pero valió la pena, pues la ilusión de creer fue mucho más emociante que la desilusión de conocer la verdad. Menos mal, le llevo ocho años a mi hermana menor y pude revivir esa ilusión desde el otro lado, ayudando a mis padres a planificar sus regalos, a recoger su lista del árbol de Navidad y a dejar rastros de grama y tierra, al paso de los camellos de los Reyes Magos.

Mucha gente se queja de que la Navidad es una época en la cual los comerciantes se aprovechan para promover el consumismo. Prefiero ver el lado positivo de las cosas. Es una época que invita a reunirnos más, a demostrar amor. Soy adversa al cambio (grave defecto, pues es de las pocas cosas seguras en la vida) y preferiría que nunca terminaran esas vivencias de mi niñez, donde bailábamos merengues de Juan Luis Guerra la noche del 24 entre tías, sobrinas, padre e hijas, disfrutábamos una rica cena en familia, muy íntima, con mucho gozo. Las cosas cambian, ya Mamanita está viejita y no cocina…pero ahora podemos disfrutar el arroz navideño de mami y su rica ensalada de papas, esperados por todos cada año.  Es hora de que Nosotros sigamos o hagamos nuestras propias tradiciones, por el bien de nuestros hijos, para que puedan tener esas vivencias que marcarán sus vidas.

No se trata de los regalos, se trata de detalles. No acostumbramos a dejar demasiados regalos en el árbol de Navidad, pues no se trata de eso. Pero sí son épocas propicias para enseñar valores, tales como el compartir, tener regalos no sólo para la familia y los amigos, sino para los menos afortunados que nosotros. Enseñar a expresar lo que sentimos, escribiendo tarjetas y teniendo un detalle con aquellos que han estado ahí todo el año para nosotros. Involucremos a nuestros hijos en la compra o en la elaboración de los regalos para sus profesoras. Dale la oportunidad de que ellos te digan a quién quieren agradar. Expliquemos que es una época para dar gracias y demostrar cariño a quiénes juegan un rol importante en sus vidas. Aprovechemos esos momentos para enseñar. De  poco vale salir a comprar cosas para personas en la vida de nuestros hijos y que ellos ni se enteren, ni entiendan porqué se hace. 

La Navidad, siento que me da esa oportunidad de crear tradiciones, de poder dejar momentos gratos en la memoria de nuestros hijos; creo que les ayudará a ser adultos más seguros de sí mismos, que hagan y digan lo que piensen sin temor a no «encajar».

Les comparto algunas ideas que hemos hecho en la familia para pasar momentos agradables y disfrutar con amigos íntimos, siempre involucrando a los niños, que son el alma de nuestros hogares. 

Angelito Familiar

Como no se trata de gastar mucho dinero y dejarse llevar de la fiebre de comprar, hace unos años decidimos que como la familia ha ido creciendo, era mejor hacer un intercambio de regalos entre los adultos y no sentirnos en el compromiso de tener que regalar a todos. Mucho más allá de esa conveniencia, donde sólo compras un regalo a la persona que te salió, este evento es muy esperado por todos, pues nos da motivos para reunir a la familia. Como lo hacemos es, una primera reunión para repartir los papelitos. Ahí pasamos una tarde agradable desde la Bisabuela, los abuelos, tías, sobrinos, primos, primas, cuñados etc. En otra casa nos reunimos a repartir el llamado «diablito» donde cada persona le deja una broma a la persona que le tocó al azar. Cada año se ha puesto más interesante, pues no se trata de hacer nada ofensivo, sino, resaltar algún aspecto o característica de la persona a través de bromas, con cartas explicativas y los objetos que lo avalan. Creo que es el día que más me río en el año. Empiezan las especulaciones de que a quién se le ocurrió tal o cual idea, y por una tarde no existen diferencias de edad. Tanto chicos como ancianos pasan una divertida tarde. Nos conocemos mejor.. tenemos un motivo para reunirnos todos, sin excusas. De los mejores este año fueron el que le dejaron a uno de los tíos, que está perdiendo un poco de cabello. Empezaron con una carta destacando todas sus virtudes de hombre apuesto e interesante y terminaron dándole consejos de cómo ayudarlo a la pérdida de cabello. En la caja había una rama de sábila para frotar el gel todos los días, un shampoo con cebolla, pues supuestamente ayuda y finalmente, un casco, para taparse la calvicie, en caso de que no le funcionara!! Qué risa!! Finalmente, el día 25 nos juntamos donde la prima a repartir los regalos, a celebrar el cumple de Tía y ahora son nuestros hijos los que se pasan el día disfrutando todo sus regalos y de la compañía de sus primos, mientras los adultos descubrimos quiénes eran nuestros «angelitos».

Trivia Familiar

Este año hicimos un juego que me parece es excelente para conocer más a la familia y unir esfuerzos, sin importar la edad, pues todos pueden aportar. Se trata de un cuestionario con preguntas sobre cada miembro de la familia, historias familiares, anécdotas, etc. Se hacen grupos de tres o más dependiendo el tamaño de la familia y cada «equipo» debe completar las preguntas. Al final se leen las respuestas en voz alta y se contabiliza quién tuvo más aciertos. Lo interesante es el proceso de contestar, pues habrán respuestas que sólo los más viejos conocen y otros que los chicos son los que saben. Alguna de las preguntas eran: cuántas veces se ha mudado la abuela en su vida? En qué año llegaron los bisabuelos de España al país? Cuál es juguete favorito de Ale y Sebas? Fede, el primo, ha tenido novias? Cuántas? A cuáles miembros de la familia se le han sacado las amígdalas?

Crea tu propia trivia familiar y reúnanse a descubrir las respuestas. No tienes que saber las respuestas para formular las preguntas, esa es la idea, conocernos más. Todo se descubrirá al terminar el juego, pues cada quién contestará la que es inherente a si.

Brunch Familiar en Pijamas

La comida no puede faltar en las reuniones familiares. Una forma diferente, divertida y relajada de reunirse la mañana de Navidad o el primero de enero, es hacer un desayuno o «brunch», donde todos vayan cómodos, en pijamas. La informalidad y comodidad nos hace sentir más en casa, más relajados y la pasamos mejor! Igualmente, es una buena excusa para poner mesas menos formales, dónde cada quién come a su antojo y en el orden que más le plazca. Algunas de las cosas que serví en el brunch familiar que hicimos para repartir los «diablitos» fueron:

  • Tostadas francesas (para la receta visita https://1diaalavez.com/2014/09/un-rico-desayuno-para-toda-la-familia-tostadas-francesas-nuestra-manera/)
  • Tortilla de papas
  • Mangú, Yuca
  • Huevos, Tocineta, Quesos
  • Parfaits de Yogurt, granola, frutas y miel
  • Bagels, queso crema, mermeladas
  • Cupcakes de Ciruelas y Nueces
  • Bizcocho esponjoso con glaseado de limón
  • Bar de Chocolate Caliente, con malvaviscos, chispas de chocolate, bastones de menta
  • Mimosas y Bellinis

Prometo compartir más recetas de este menú más adelante.

Las reuniones familiares son un excelente escenario para que nuestros hijos se expresen y en cierta forma «ensayen» para la vida real. Si les gusta bailar, cantar, tocar algún instrumento, es el momento ideal para que lo hagan.

Arbol de las Metas y Deseos para el Nuevo Año

No olvidemos explicar a nuestros niños el significado de las cosas. Recuérdenle que la noche del 31 de diciembre nos reunimos a cenar en familia pues se termina el año e inicia uno nuevo, donde debemos reflexionar sobre lo ocurrido, auto evaluarnos y plantearnos metas y sueños para el año que inicia. No importa la edad, ellos entenderán y lo harán a su dimensión. Pero tomemos el tiempo de hacerlo. De lo contrario, será una noche mas, donde se comió, sin propósito alguno. (Eso me recuerda, que vi a un familiar nuestro que en Navidad tiene una torta de cumpleaños, y los niños apagan la velita por el nacimiento del Niño Jesús. me pareció tan apropiado, para que los niños entiendan el verdadero sentido de la Navidad). Cosas tangibles, como esa, hace que nunca se les olvide a nuestros hijos el significado de las cosas.

Similarmente, para lograr que, tanto niños como adultos materialicen esas reflexiones del año y expresen las metas para el Nuevo Año, es tener un pedazos de papel o cartón para escribir y un árbol, pizarra u otro objeto para colgar o pegar las reflexiones de cada quién.

Estas son sólo ideas, crea las tuyas propias, iniciemos tradiciones y ayudemos a que nuestros hijos tengan recuerdos que permanecerán con ellos para toda la vida.

(La foto del árbol de los deseos fue tomada de Google Images).

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