Al agua pato! Consejos para bañar al bebé.

Una de las primeras tareas que enfrentamos al llegar de la clínica con nuestro bebé, y que no habíamos tenido la oportunidad de hacer, es bañarlos. ¿Cómo empiezo? ¿Por dónde lo agarro? Se me va a resbalar… A todas nos pasa, ¡da miedo! En este post compartiré algunos tips de cómo facilitar esas primeras experiencias bañando al bebé, y la importancia de aprender a hacerlo bien y disfrutarlo. Lo que en un principio puede ser motivo de temor, se convertirá en uno de los momentos más esperados del día y de más compenetración entre mamá y bebé. Una vez hice un cálculo de que he bañado a Sebas alrededor de 1,400 veces, sin contar las casi 300 que van de Fer! La práctica hace el maestro!

Cada quién tiene su librito; en este caso, como en todo, les hago recomendaciones en base al mío, mi experiencia personal y las indicaciones de nuestro pediatra.

Recién Nacidos (cuando aún no se les ha caído el cordón umbilical)

El hecho de que el bebé aún tenga el cordón umbilical no significa que no pueda dársele un buen baño. Todo bebé sano y sin condición médica especial, debe bañarse diariamente, incluyendo su cabecita. La higiene es salud. Un bebé limpio, primero, ¡es rico! Pero más importante aún, es menos propenso a tener enfermedades de la piel, infecciones y enfermedades en general. De modo que incluyamos en su rutina diaria un baño de pies a cabeza. Varias veces al día, se les puede dar un aseo, es decir, limpiar sus caras, manos, genitales, etc. 

Para el aseo, existen en el mercado unas leches limpiadoras, sin alcohol, que son muy buenas. Me gusta la de la marca Mustela (Cleansing Milk). Igualmente, podemos utilizar una toallita con agua tibia y en momentos donde entendamos que el bebé ha sudado o se ha ensuciado podemos pasarle una toallita suavemente.

En cuanto al baño:

1. La preparación del baño o del lugar donde elijamos bañar al bebé es muy importante. Se facilita mucho más la tarea si tenemos todo lo que vamos a necesitar a mano y de fácil acceso, pues debemos ser ágiles, por no decir rápidos, pero al mismo tiempo bañarlos bien. Acostumbrémonos y a quienes nos ayudan con el bebé (niñeras, abuelas, tías, etc.) a siempre preparar todo lo del baño antes de iniciar. Tengamos a mano:

– una toalla limpia y de un tamaño adecuado para el bebé, preferiblemente con capuchita, para tapar su cabeza;

– una olla esmaltada con agua tibia, (los primeros meses debe ser agua potable, es decir de botellón o filtro). La temperatura es muy importante. Para probar podemos entrar nuestro codo debe estar tibia.

– Una bañerita plástica para bebé, limpia y seca, en un lugar seguro, que no se tambaleé. Lo ideal es en un soporte de bañeras, los venden en tiendas de bebés (como en la foto). Es más cómodo, pues queda al nivel adecuado. Otra opción es encima de alguna superficie plana y estable.

– un jabón para bebés sin olor. Los primeros meses se pueden usar jabones líquidos tanto para el cuerpo como para la cabeza.

– un trapito o esponjita, aunque nuestras manos son suficientes;

-un vaso plástico o recipiente pequeño para enjuagar, que debe ser exclusivamente para bañar el bebé, y así para evitar contaminación;

– algodón y alcohol para limpiar el ombligo;

-un pañal desechable;

-crema para las nalguitas;

-la ropita que le vayamos a poner, ya desabotonada;

-cepillo de cabeza de cerdas suaves;

– un pañal de tela limpio para cargarlo

2. Una vez preparado todo, tomamos al bebé todavía vestido y lo entramos al baño o habitación donde se va a bañar. Es bueno que haya buena iluminación. Es preferible cerrar puertas y ventanas para evitar corrientes de aire, pues el bebé puede resfriarse. Elijamos un momento en que el bebé se encuentre descansado y sin hambre. De esta forma será más placentero. Tratemos de que sea a la misma hora todos los días, para crearle rutinas. Todos nos acostumbramos mejor. Planifica en qué momento estás dispuesta a hacerlo diariamente. Es muy importante que sobre todo en los primeros meses seas tú quien bañes a tu bebé, o su papá. Primero, para asegurarnos de que están bien bañados, y segundo, por que es un momento de mucha intimidad y cercanía que crea lazos muy importantes. Además, nos damos cuenta de cualquier cosa, pues vemos su cuerpecito entero. En mi caso, lo hago siempre al mediodía o después de almuerzo. Muchas amigas los bañan al llegar de la oficina, alrededor de las seis de la tarde y es parte de la rutina para dormirlos, pues el baño los relaja. Encuentra tu momento. Nosotras debemos estar tranquilas y dispuestas también, con ropa cómoda, cabello recogido. Si has llegado de la calle ponte ropa ligera y refréscate, lávate las manos y brazos antes de iniciar.

3. Cuando son recién nacidos puedes irlos bañando por etapas. Es decir, quitarle la ropa de la parte de arriba y dejar sus pantalones y pañal. Coloca el bebé boca arriba como en posición fútbol, su cabeza sobre tu mano izquierda (si eres derecha) y su torso sobre tu antebrazo. Asegúrate de que lo tienes bien agarrado; aún si se mueve, puedes dominar que no se te zafe. Pega tu brazo contra tu costado. El bebé estará mirando hacia tí y tu frente al bañito.  Primero lava su carita. Moja tu mano libre y con un poco de jabón  y pásala por su carita, detrás de la oreja, frota sus cejas, el cotorno de su nariz y de su boca. Sin miedo, de manera suave pero que le quite cualquier sucio o residuo. Uno cree que ellos son de papel, ¡pero no! Moja tu mano nueva vez y pásala por su carita hasta quitar el jabón. Toma un poco de shampoo para bebés o jabón líquido y lava su cabecita. Con las yemas de tus dedos haz movimientos circulares por toda su cabeza. Ve echando agua por su cabeza tratando de no mojar sus oídos hasta retirar todo el jabón. Aprovecha y lava su cuello. Ahí se acumula sudor y sucio. Lava sus bracitos, manos y su torso. En este punto, toma la toalla y seca su cabecita, cara, torso y brazos.

Déjale la capuchita de la toalla puesta y coloca la parte de abajo de la toalla que sobra debajo de tu brazo y hacia un lado, para que no se moje y cuestión de dejar descubierta la nalguita y las piernas del bebé. Quita su pantalón y pañal. Quedarán sus piececitos  suspendidos en el aire. Puedes dejarlo así si no le molesta y si el bebé no pesa tanto. Si sientes que el bebé está incómodo, puedes apoyarlo sobre unas rampitas o piezas que venden para apoyar los bebés más grandecitos, dentro de las bañeritas (como en las fotos que sale el bebé).  Lava sus genitales y nalguita con cuidado de no mojar su ombligo. Echa suficiente agua pues el jabón puede irritar. También sus piernas, muslos y pies. Seca.

Luego, ponlo boca abajo, contra tu brazo, aún con la toalla envolviendo su barriguita, para no mojar el ombligo. Lava su espaldita.

Mientras tienen el cordón, es más incómodo, pues no puedes echar agua libremente. Desde que se les cae, es mucho más divertido. Podrás apoyarlo en el bañito de bebé desnudito completo y sin estrés de mojarle el ombligo. Tranquila, a lo mucho esto durará dos semanas. Recomiendo ponerlos sobre un soporte o rampa dentro de la bañerita, de modo que queda recostado y tus manos quedan más libres. Mientras son muy bebés, es bueno siempre ponerles el brazo detrás de cabecita y espalda para darles soporte. Boca abajo también, agarrándolos contra tu brazo, por debajo de sus axilas.

 4. Después de bañados, seca muy bien todo su cuerpo. Sin dejar ningún espacio. En la humedad crecen bacterias. Utiliza la toalla de modo que no seques sus genitales y luego su cara por ejemplo. Siempre en el sentido que va la toalla para evitar contaminación. Si utilizas crema hidratante es el momento de ponersela. Dando masajitos suaves.

5. Cuidado del Ombligo. Toma un algodón y mójalo con alcohol. Con cuidado que no le caiga en otro lugar exprime el algodón de modo que le caigan gotitas alrededor del ombligo. Esto evitará infecciones y malos olores. Una vez se le caiga, (normalmente entre el nacimiento y las dos próximas semanas), limpia su ombligo frotando algodón con alcohol, sin miedo. Es decir, frota y verás cómo quedan en el algodón manchitas amarillentas y negruzcas. No les duele, de modo que limpia bien. A los varios días estará limpiecito. Huélelo todos los días. Si tiene mal olor avisa a tu pediatra, pues es signo de infección.

6.Vístelo y péinalo.

Escribirlo ha sido más difícil que hacerlo. Verlo escrito más largo de lo que realmente es. El primer día te sentirás un poco perdida, pero al cabo de dos o tres días serás toda una experta. Si estás relajada y el bebé satisfecho y descansado, de seguro les irá bien. Es lo que uno transmita. Si estás ansiosa, el bebé también lo estará. Háblale en el proceso, eso los tranquiliza y les da seguridad. Es un buen momento para ir enseñando las partes del cuerpo. Trata de hacerlo ágilmente, pues no es bueno durar demasiado. Las primeras veces es bueno contar con ayuda. La justa, no tres o cuatro personas opinando al mismo tiempo. Tú y alguien más es suficiente. Si tienes la dicha que tuve yo de que alguien me enseño y lo hizo por mí las primeras veces, ¡ mucho mejor! Pero si repasas en tu mente cómo lo harás, te irá súper!

Algunos recién nacidos lloran y es normal. Pero si es un lloro desesperado, hay que ver la causa. O tienen hambre, o sueño o frío. En todos los casos sabemos qué hacer. Tratar de elegir un momento donde estén satisfechos y descansados. En el tercer caso, rectificar el agua. Un truquito es ponerles encima de su pecho una toallita con agua tibia, esto los mantiene tibiecitos y les da seguridad.

Tómate el tiempo de preparar el baño todos los días, pues te ahorrarás inconvenientes y la experiencia será mucho más placentera y amena. Al terminar, cuando ya el bebé está vestido y en un lugar seguro, limpia y recoge todo. Ya seas tú o quien te ayude, deben asegurarse de enjuagar la bañera con suficiente agua para eliminar el sucio que ha caído en ella. Varias veces a la semana, limpiar más profundamente con jabón. Siempre ponerla boca abajo para drenar el agua y que seque y que no le caiga polvo. Igualmente, poner la toalla a secar abierta. Cambiar cada dos o tres días. Si has usado un trapito, enjuagar bien y secar. No dejar nada mojado y organizar todo.

Para que no se olvide, limpio su boquita (cuando no tienen dientes aún) o lo cepillo, (cuando ya tienen dientes) después del baño. No es mala idea una vez por semana echarle unas gotas secantes en los oídos por si les ha caído agua, por ejemplo Acqua Sec. Consúltalo con tu pediatra.

Disfruta de un rico baño con tu bebé, Un día a la vez…

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